• Posted on July 01, 2013

Karim Estefan: fotografías, intimidad, oscuridad

Karim Estefan: fotografías, intimidad, oscuridad

En los talleres de fotografía que dicto, Karim Estefan es uno de los fotógrafos que sirve como referente para ilustrar conceptos, específicamente dos: La intimidad y el manejo del color, uno de índole “espiritual” y otro de tipo técnico.

1. El espiritual, la intimidad en el plano

Me refiero a la cercanía al fotografiar, a la relación que establece con sus sujetos (plantas o personas), la distancia  que elige (siempre mínima) entre su cámara y el interior de la gente… Todo esto con planos súper cercanos para las flores y planos íntimos para las personas. Lograr esto no es fácil. Hay que conocer mucho el tema, fotografiarlo mucho. Hay que conocer mucho a las personas para acercarse así. Ese es otro de sus méritos y una de las enseñanzas que puede dejarnos: No tenemos que inventarnos un proyecto complejísimo con gente desconocida. Con nuestros amigos y familia es más que suficiente para crear algo nuevo.

Karim Estefan: fotografías, intimidad, oscuridad

2. El técnico, el manejo de color y la oscuridad:

Ambos entendidos como parte de una búsqueda, de una forma de expresión individual, como un camino hacia la seducción y también hacia lo desconocido. Colores vibrantes, delicados, esquemas sencillos de luz y revelados muy intensos, dramáticos, con fuertes contrastes de luces y sombras.

Específicamente hablando del retrato, pero mirando ambos aspectos (el conceptual y el técnico), los invito a ver el libro de Karim, editado por La silueta Ediciones y que un día tuve la oportunidad de comprar en una feria del libro. De allí saqué estos ejemplos, que eran algunos de los retratos que más me gustaron: planos fragmentados, contraste, intimidad… todo esto que ya he mencionado… Este es el link para ver el libro, sobre el cual los editores dicen: “Karim logra hacer más evidente la humanidad de sus retratados. Cada retrato es un autorretrato, es el registro de una época, de un grupo social”…

Karim Estefan: fotografías, intimidad, oscuridad

Finalmente…

…La invitación a conocer este trabajo artístico que logra algo increible: a pesar de estar en un estudio, un ambiente cerrado, de cierta manera reflejan la vida en Bogotá a inicios del siglo 21. Toda una paradoja sobre la cual vale la pena detenerse un momento a reflexionar.

Más info:

Su website personal: http://www.karimestefanvisual.com

Su Flickr: http://www.flickr.com/photos/karim_/

El link a su libro, publicado por La Silueta: http://www.lasilueta.com/vx1/editorial/?project=karim-estefan-f2-fototk

  • Posted on June 10, 2011

Marcos López > Vuelo de Cabotaje, 2009

“A mí me gusta acá. Gualeguaychú, Guaminí, Ramona Galarza Me gusta más ir por la ruta del costado que por la autopista. Voy parando, pierdo tiempo, me tomo una cerveza con un salame en un bar de la ruta.

Miro. Me gusta hablar de lo de acá. Universalizar la textura emocional de los recuerdos, las escenas de infancia, mezclarlos con lo que técnicamente se llama color local y sentir, creerme que estoy haciendo una crónica socio-política de la época, aunque esté pensando en el olor de la maestra de primer grado.

La fotografía, finalmente, es una buena herramienta.

Como no me animo a cantar, a lanzar el grito que se transforma en llanto, luego en protesta, en orgasmo, en locura y en muerte tengo que recurrir a las imágenes. Me aguanto depender de la tecnología, cuando en realidad lo que más me gusta es pintar. Pintar al óleo paisajitos con caballete. Me gustaría ser indio. Cabalgar sin montura, robarle la mujer al primer blanco que se me cruce en el camino y luego degollarlo sin que me tiemble el pulso. El salvaje no siente culpa. Y no necesita representantes, críticos, periodistas, buenos modales, página web, club de fans, ni galeristas.

Asumo y reconozco que parte de esa violencia corre por mis venas, aunque trato de disimularla. No creo que sea conveniente largarla del todo. El color también es un simulacro: la sangre, en realidad, es tinta roja, y lo que se ve en las fotos es puesta en escena. No me animo a afrontar la realidad cara a cara. Its too much.

La figura y el fondo son estrategias de composición. Aunque no es tan simple, porque el fondo, además, tiene que decir algo. Es la base. Lo importante. Lo que subyace.

Y en el fondo en mi fondo- hay una constante emocional que tiene que ver con algo trágico. Nadie está preparado para una muerte tan temprana sobre el acero inoxidable de un sanatorio tan precario. Un viaje de estudios de séptimo grado al Túnel Subfluvial donde un ingeniero nos explica que los tubos se alinearon con rayos láser. Un pueblo dividido por una vía. Un hotel alojamiento con nombre de un volcán que hay en las islas Fidji. El olor a desinfectante. Un chiflete de viento frío que se filtra por debajo de la puerta de chapa. El ladrido de los perros en la noche. El miedo. Los espejos en el techo y lo asqueroso de la sobrecama. El camino de tierra. Los chistes del colegio de curas: como hermana no tengo, con la tuya me entretengo. Formosa. La periferia de la periferia. La avenida de circunvalación. La Fiesta de la Cerveza de San Carlos Centro y la fiesta de egresados en la discoteca cinco estrellas del Hotel Mayorazgo: los varones de traje y las chicas con vestido largo y sandalias de corcho con plataforma.

Inmediatamente después, al día siguiente, tomé la decisión de irme.

Salir en busca de America Latina: Santa Fe, Rosario, Retiro, Chile, Atacama y un vuelo de cabotaje desde Tacna a Arequipa. Una lista de espera escrita con birome en una servilleta. El mismo empleado que hace el check in es el que sube las maletas, el ayudante de abordo y el que te recibe en el aeropuerto de llegada.

Pido disculpas si cuento demasiado, pero tengo la certeza de que para no enfermarse hay que dejar salir.

La fotografía es una excusa para exorcizar el dolor. Transformar en poesía la resaca de un tequila de segunda marca. Por eso me gustan los mariachis. Se les paga cuando llegan, cantan poco y se retiran sin saludar. Uno los contrata para que muestren que la alegría es posible. Por lo menos quince minutos. Lo demás ya se sabe. Cuando los grandes se emborrachan, cuando en la mesa hay desperdicios de pollo frito mezclados con pastel de crema, cuando llega la noche del domingo, la fiesta se tiñe de amargura. Siempre”.

Marcos López, Buenos Aires, agosto 2009.

http://www.marcoslopez.com/marcostextos.htm